martes, 1 de noviembre de 2011

La esfera infinita y desconocida,

escarlata en suspensión, todavía

viva y ardiente, dormita.

Su tenue luz ilumina en el

mediodía; papeles en blanco,

libros antiguos y palabras

marchitas; como flores

de verano que olvidan su etapa

más reciente y colorida.

Nubes grisáceas y blancas

tapan ahora la estrella adormecida,

protectora de todos, por ser

nuestra adalid de día.

La tempestad se aproxima,

nos tizna de negro, se ríe,

cesa y toma partida.

La calma se produce, tranquila,

sabemos de manera natura

que ésta no permanece

por siempre, lo que produce

que las cosas prosigan.

Olvidamos, recordamos y

nos habituamos a que

la tempestad, presagiada

por las nubes grisáceas, nos

roce el pecho, sin que nos lo

tizna de un feo color que nos

recuerde a aquestes días.

La esfera infinita y desconocida,

escarlata en suspensión, todavía

viva y ardiente, dormita.

Espero que su tenue luz

me sirva para iluminar en los

próximos días, invernales y oscuros,

caminos inescrutables. Ardiente

esfera, ansío tu ayuda como guía.

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